Capítulo -1:
Un pañuelo estampado cubre la cabeza de Kenya. Lleva puestas gafas de sol negras, a juego con el color de su piel y con el vestido largo de
gala que la envuelve. Pasa completamente desapercibida, incluso en un lugar como este, nadie se fija en ella. Kenya es capaz de mimetizarse en cualquier ambiente, lo aprendió de Martha, hace ya algún tiempo. Kenya podía
ser seductora y atractiva, o débil e indefensa, según la situación lo requiriera. Kenya podía
ser muchas cosas. Pero allí, en el Teatro Nacional De Bucarest, Kenya
necesitaba no ser vista.
El contacto era una niña de 23 años, ‘Agua’ decía llamarse, tanto en lo artístico como en lo personal. Y
era realmente hábil, lo había podido comprobar: Había contactado directamente con ella. Eso hubiese sido suficiente para que Kenya desapareciese sin
dejar rastro. Pero esta vez no, algo en aquella chica había llamado profundamente
la atención de Kenya. Algo raramente especial.
Habían concertado una cita en el teatro, donde Agua actuaba aquel frío domingo de Septiembre. Sola sobre el escenario, en un espectáculo que tenía por título: Danza Agua.
<<Que original>>. Había pensado Kenya. Pero sin embargo allí estaba.
Habían concertado una cita en el teatro, donde Agua actuaba aquel frío domingo de Septiembre. Sola sobre el escenario, en un espectáculo que tenía por título: Danza Agua.
<<Que original>>. Había pensado Kenya. Pero sin embargo allí estaba.
Haciendo uso de su habilidad para pasar desapercibida entre las
multitudes, llegó hasta su asiento. Al poco se apagaron las luces y una suave
melodía de violines indicó que el espectáculo iba a comenzar.
Agua estaba tirada en el suelo, echa una bola, completamente vestida de
blanco. Un punto de luz apareció en el fondo del escenario, absolutamente liso.
Comenzaron a caer gotas sobre ella, con el consiguiente sonido de goteo
acompañando la escena. Se fue levantando poco a poco mientras nacían ramas de
su cuerpo y hojas en forma de cisne la rodearon hasta que acabó convirtiendose en un árbol.
Era una proyección como de cine, animada a juego con el cuerpo de la bailarina.
Esta comenzó a moverse mientras el árbol se deshacía en cientos de hojas que
bailaban a su alrededor. Era hermoso, pero era mucho más que eso. Aparecieron
más árboles a su alrededor, entre la penumbra, las luciérnagas volando por
doquier. La sala entera se llenó de la misteriosa sensación de estar en lo
profundo de un bosque, perdido en algún lugar remoto. Kenya comenzó a sentirse
llevada por las sensaciones, por instinto lucho contra ellas, manteniendo la
presencia y la atención consciente.
En un momento dado Agua gateaba, con la música en tensión máxima, se
asomó a una madriguera que había en la escena y pareció como si cayera por
ella. La proyección cubrió el escenario con una imagen similar a la de Alicia
cayendo dentro de la madriguera del conejo, los libros y los pianos volaban a
su alrededor. Realmente daba la sensación de que estaba en caída libre, cuando en
realidad estaba apoyada contra el fondo, moviéndose con una calidad de baile
tal que parecía como si realmente estuviese en el aire. <<Es buena>>, pensó Kenya.
Grita. Un grito profundo y estremecedor. Kenya no puede evitar sentirse
recorrida por un escalofrío. Tenía la sensación vertiginosa de que toda la sala
estaba cayendo con aquella chica hacia algún lugar profundo. Era necesario
luchar contra ella, mantenerse alerta. Disfrutaba del espectáculo, concentrada,
pero sin permitir que su mente se relajarse por completo.
Todo a su alrededor la empujaba a abandonar el control. No era tan
fácil como había supuesto en un primer momento, se sentía mareada y absorbida
por la mente colectiva que se había abandonado al espectáculo hipnótico de
Agua.
El show continuó por distintos universos, escenarios y emociones. Su
danza era fluida y su presencia llenaba el espacio completamente de energía. Una
fuerza empática tal arrastraba al público allí reunido, llevándolos de viaje
a través de mensajes arquetípicos, hora simbólicos o de gran profundidad
emocional.
Kenya, tratando de mantener la alerta había detectado a varias personas
llorando sutilmente, esas respiraciones entrecortadas, la devolvían a la realidad.
Fueron veinte minutos de sacudidas emocionales que realmente la dejaron
exhausta. No podía explicárselo, pero cuando aquella niña apareció luchando
contra un dragón rojo, de temible mirada, algo en su cerebro desconectó la
realidad, transportándola al día de su primer asesinato. Aquella sangre
salpicándolo todo, cayendo por su cara, jadeante, manchando su cuerpo,
extenuado; tras haber acabado con ese gordo psicópata que trataba de violarla.
Martha lo había enviado, en medio de la noche, como parte de lo que ella
llamaba: su entrenamiento especial.
Kenya volvió a la realidad traída por la explosión de aplausos que
estallaba a su alrededor, ante la figura de Agua que, encharcada de sangre virtual,
sostenía una espada real, contra el corazón muerto del dragón de la imagen.
Cerró los ojos. Respiró profundamente, <<uno>>, se concedió aquel instante. Otra respiración profunda,
<<dos>>, aceptando lo
ocurrido. <<Tres>>, abrió los ojos y bloqueó su mente, invocó a las
sombras a su alrededor. Volvió a sentirse protegida, de vuelta en su rol de fría asesina. Se
levantó en cuanto las luces se hubieron apagado, y mientras el aplauso seguía
sonando, Kenya abandono la sala oculta y silenciosa entre las sombras.
Cuando Agua llegó a su camerino, allí estaba Kenya. Cerró la puerta y
se quedó respirando profundamente apoyada en ella, con los ojos cerrados. Como
si estuviera sola, se quedó allí durante un minuto o más. Hasta que por fin volvió a abrir los ojos.
-
¿Donde aprendiste
a hacer eso?- Preguntó Kenya, sabiendo que Agua entendería perfectamente que se
refería.
-
Me enseñó mi
abuela: Alicia Carroll.- Respondió Agua.
-
¿Alicia?- Kenya
estaba atónita, la abuela de aquella niña era la maestra de su maestra.- Está
bien. ¿Qué es lo que quieres?- Preguntó Kenya tras una larga pausa.
-
¿Así que al grano,
eh? Está bien, necesito que cuides de alguien.
-
Quiero conocer todos
los detalles y cobro por adelantado.
-
¿Conoces el grupo
CHESS?- Preguntó Agua.
Kenya asintió. ¿Quién no conocía al grupo terrorista
más activo del underground hacker?
-
Taiki quiere ser
ascendido a Rey Negro del grupo. Lo que significa que van a dejar un rastro de
cada ataque que hagan, que lleve hasta él. Cree que puede mantenerse a salvo
moviéndose de un sitio a otro, escondiéndose después de cada ataque. Pero
aunque es un genio, solo tiene 18 años. Estoy preocupada por el. Han estado
llevando a cabo acciones importantes y no solo las autoridades andan detrás de
ellos.- Explicó Agua.
-
¿Qué clase de
ataques?- Preguntó Kenya.
-
Industria
armamentística, farmacéuticas, nuevas tecnologías. Andan robando planos y
patentes.
-
¿Con que fin?-
Preguntó la asesina.
-
Planean liberar
la tecnología y los secretos que ha sido bloqueada al mundo. Son unos
soñadores, pero son los soñadores los que cambian el mundo. ¿No?- Agua empezaba
a sentirse cómoda ante aquella dura asesina.- Sobre los pagos, te daré todo lo
que tengo. Mañana mismo.
-
Será
suficiente.-Respondió Kenya.- Pero hablamos de las empresas más poderosas del
planeta, con ejércitos privados y expertos asesinos en sus plantillas. No se
detendrán ante nada para detenerlos, usarán todos los medios que tengan a su
alcance.
-
¿Entonces no
aceptas?
-
Sí, acepto el
trabajo.
El teléfono de Agua comenzó a sonar en aquel instante. Ambas miraron
hacia él, la melodía del móvil era una canción de Harvey Danger, ‘Littel Round Mirrors’. Agua se acercó a
cogerlo. Era Taiki.
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