Un día de curro...


Hoy ha sido un día de trabajo. He entrado a las 16:00 y casi ni me ha dado tiempo a planchar una camisa como Dios manda, para ir al Marina. Hay que cuidarse para ir a ese sitio, si no, te arriesgas a encontrar conflictos, en lugar de buen rollo por todas partes.

Mi camisa quedó impecable. He estado casi todo el día con Raul, al que le he preguntado si le gustán los tíos cuando hemos salido. Me ha dicho que sí y hemos seguido hablando de otras cosas.
No tiene importancia. Como cuando Paula se puso con las manos en la pared y el culo en pompa, para que pudiese darle mejor un masaje en las lumbares. La peña se ha escadalizado, jodida sociedad de obsesos sexuales. Parecen niños contemplando algo prohibido y malicioso, algo así como: 'mira lo que hacen', 'mira a esos'. Nuestra aceptación del sexo es como la aceptación de la macroeconomía para un niño de 5 años, algo extraño y misterioso.


Pero ya está, quiero imponer el sentido común en estás situaciones y no convertirme en un animal sediento de sexo, cuando una chica se desnuda ante mí. Y con la danza me ocurre bastante, últimamente. No me excita un cuerpo desnudo, ni una postura sexual, me excita una mirada, una forma de caminar o una lengua dentro de mi boca. Basta ya de estupidez sexual. Un poco de sentidiño, coño, que hemos convertido algo precioso, en algo perverso.

Virginia está liando una gorda. Todos están invitados, todos pueden venir, el sábado en la feria de Abril de Barcelona, '¡cómo el año pasado!, ¿te acuerdas?', repetía a cada rato.
Les he dicho que me molaba ir y llevarme a Silvinha. Todos la conocen, y estaba allí Alberto, que se ha acostado con ella un par de veces y que por fin hoy nos hemos reconocido dentro del hotel y estuvimos hablando mazo.
No sólo la conocen, si no que he notado que muchos saben que ella y Alberto se liaron. En cualquier caso, parece que es una buena opción ir, y a Blanka, que me ha llamado para pedirme unas instrumentales, le ha parecido una idea cojonuda lo de la feria. Así que poco a poco se está liando una buena despedida de mi vieja vida, porque puede que la semana que viene firme contrato con el restaurante del Skipper y a partir de ese momento de 17:00 a 1:00, será rutina de trabajador, 5 días por semana. Adiós a todo concierto, fiesta o subasta benéfica. Eso, si finalmente firmo.


Salvo por los 20 minutos sosteniendo una bandeja con 8 tubos de cerveza, llenos. El turno ha sido cojonudo. Nos han largado a las 23:00, antes de servir los cafés de una cena, que es la parte más coñazo de todo banquete, bueno no, pasar el carrito de los licores es aun peor, jejeje.
Hemos cenado el menú del banquete, aun calentito. Si no trabajase en un hotel, nunca comería pescado, le he comentado a Raul. Me siento cómodo con él, igual que me siento más cómodo trabajando con una tía o hablando con ella, que con un tío. Creo que los gay tienen una conversación mucho más interesante que la mayotía de los tíos...


Final del turno, alcanzo el último metro de la noche. Me desplazo bajo las entrañas de esta ciudad a gran velocidad. En mis cascos suena Nach Scrach, justo después de Extremoduro, más rap con Rapsoda y 124, para dejarlo todo en manos de Extremoduro de nuevo... he bailado y cantado en silencio, con una paz y un buen rollo en el cuerpo, a veces me sentía sólo, como en otro sítio, sintiendo muy muy buena onda.



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