El mundo está cambiando.
El mundo soy yo.
Escucho y veo, aténtamente, el monólogo que se escapa desde lo más profundo de Blanka. Me hace pensar que quizás no viva en un cascarón vacío, durante un rato renace la chispa de esperanza, esa que brilla en el pecho de todos los que anhelan un cambio...
Equilibrios y posturas antinaturales que desembocan en divertidas figuras. Todo por el espéctaculo, todo para tener algo que enseñar.
Llevo mi cuerpo al límite algunas veces, siento el dolor de mis músculos al estirarse. Cuando hay una buena causa, el dolor es otra cosa, ya no es dolor, es una sensación que provocará el objetivo, entonces se confunde con el placer.
Encuentros con personas que me dicen mucho más con su presencia que con sus palabras. Largos silencios tirados en la plaza del Macba, rodeados de skaters, con el peculiar sonido de los monopatines deslizándose por todas partes.
Construimos una secuencia imposible en papel; y sobre el mundo se vuelve posible.
Satisfacción a cada paso.
Cuatro mundos totalmente diferentes unidos por la danza.
Cuatro... bonito equilibrio, si tiramos cada uno de nuestro extremo.
Memento Mori, cuatro: Blanka, Marta, Arantxa y yo.
Cuatro elementos jugando al mundo, encontradonos tras nosotros mismos.
Bailo por el metro: con las barras, por los pasillos, subo escaleras de tres en tres a gran velocidad, la melodía me mece en los vagones, transportándome y moviándome sin intervención de vountad alguna: la danza de la melodía del silencio del que mira.
Unos labios que se empeñan en besar los míos en cada encuentro y despedida. Somos cómplices de un juego que inventamos a cada paso. No tiene que ver con nada viejo, no puedo hablar de ello, pues lo desconozco, es nuevo. No importa lo bien que se la follen otros, las pollas que se meta en la bocao en el culo, la amo. Amo su presencia y su compañía. Son como una cálida brisa que te acaricia una tarde soleada, a pié del mar. Me siento cómodo a su lado, pero sé que es un placer jugetón y fugaz, inseperable e impredecible. Zolo zé que no ze nada...
Más personas y su energía, siento como me transforman. Mi potencia de entrenamiento se dispara, mi valor aumenta ante los ojos de un niño que mira como entreno: no me canso cuando corro, salto más alto, mis patadas son más perfectas, la danza más sutil. Luego hablo un rato con él sobre Son Goku y otras series manga. Estoy en la onda, pero no al día.
A veces medito en el metro: cierro los ojos y trato de escuchar mis pensamientos. A veces son pensamientos de otros pasajeros, no los mios propios. No importa, todo es lo mismo: una oportunidad de serenar una parte de mi mente. Pues los pensamientos una vez escuchados de corazón, se sienten satisfechos y se deshacen en silecio...
('A veces pienso que la gente se hace yonki, porque anhela un poquito de silencio en su alma', Trainspotting)
Invoco la flor de loto en la raiz de las personas con las que me cruzo cuando paseo. Y entonces las comprendo: me transmiten lo que creen ser, por que la luz en la raiz de su existencia alumbra todo su ser. Percibo la verdad, hermosa y resplandeciente, en el fondo de cada uno de esos compañeros de instante, decorados con su vestuario social y su maquillage identicial. Puedo verlos como son en verdad, a veces...
Mis compañeros de piso me saludan al llegar. Hablamos poco, fumamos mucho, repartimos amor a raudales entre nosotros. A veces arrancamos una persiana, para pasar un buen rato en familia. Otras veces jugamos al poker o compartimos música a todo trapo.
A veces me arranco la piel, algunas veces. Entonces me corro de placer o invoco las caricias de la madre y las uñas dan paso a las yemas y llegan las caricias...
El mundo está cambiando: bailando cada día, saboreando los momentos, entregando las dudas al universo y repitiendo el 'no paza nada', que lo arregla todo...
El mundo está cambiando, pero no la sociedad, ni el sistema, ni la economía, ni las personas, no, es la mente lo que está cambiándo.
En lo más profundo del subconsciente colectivo de todos nosotros, algo está cambiando porque he decidido que somos inocentes y estoy perdonando al mundo. Eso, debería afectarnos a todos...
Aun hay más, pero será otro día.
Pd. La rebelión de los perros está comenzando...

El mundo soy yo.
Escucho y veo, aténtamente, el monólogo que se escapa desde lo más profundo de Blanka. Me hace pensar que quizás no viva en un cascarón vacío, durante un rato renace la chispa de esperanza, esa que brilla en el pecho de todos los que anhelan un cambio...
Equilibrios y posturas antinaturales que desembocan en divertidas figuras. Todo por el espéctaculo, todo para tener algo que enseñar.
Llevo mi cuerpo al límite algunas veces, siento el dolor de mis músculos al estirarse. Cuando hay una buena causa, el dolor es otra cosa, ya no es dolor, es una sensación que provocará el objetivo, entonces se confunde con el placer.
Encuentros con personas que me dicen mucho más con su presencia que con sus palabras. Largos silencios tirados en la plaza del Macba, rodeados de skaters, con el peculiar sonido de los monopatines deslizándose por todas partes.
Construimos una secuencia imposible en papel; y sobre el mundo se vuelve posible.
Satisfacción a cada paso.
Cuatro mundos totalmente diferentes unidos por la danza.
Cuatro... bonito equilibrio, si tiramos cada uno de nuestro extremo.
Memento Mori, cuatro: Blanka, Marta, Arantxa y yo.
Cuatro elementos jugando al mundo, encontradonos tras nosotros mismos.
Bailo por el metro: con las barras, por los pasillos, subo escaleras de tres en tres a gran velocidad, la melodía me mece en los vagones, transportándome y moviándome sin intervención de vountad alguna: la danza de la melodía del silencio del que mira.
Unos labios que se empeñan en besar los míos en cada encuentro y despedida. Somos cómplices de un juego que inventamos a cada paso. No tiene que ver con nada viejo, no puedo hablar de ello, pues lo desconozco, es nuevo. No importa lo bien que se la follen otros, las pollas que se meta en la bocao en el culo, la amo. Amo su presencia y su compañía. Son como una cálida brisa que te acaricia una tarde soleada, a pié del mar. Me siento cómodo a su lado, pero sé que es un placer jugetón y fugaz, inseperable e impredecible. Zolo zé que no ze nada...
Más personas y su energía, siento como me transforman. Mi potencia de entrenamiento se dispara, mi valor aumenta ante los ojos de un niño que mira como entreno: no me canso cuando corro, salto más alto, mis patadas son más perfectas, la danza más sutil. Luego hablo un rato con él sobre Son Goku y otras series manga. Estoy en la onda, pero no al día.
A veces medito en el metro: cierro los ojos y trato de escuchar mis pensamientos. A veces son pensamientos de otros pasajeros, no los mios propios. No importa, todo es lo mismo: una oportunidad de serenar una parte de mi mente. Pues los pensamientos una vez escuchados de corazón, se sienten satisfechos y se deshacen en silecio...
('A veces pienso que la gente se hace yonki, porque anhela un poquito de silencio en su alma', Trainspotting)
Invoco la flor de loto en la raiz de las personas con las que me cruzo cuando paseo. Y entonces las comprendo: me transmiten lo que creen ser, por que la luz en la raiz de su existencia alumbra todo su ser. Percibo la verdad, hermosa y resplandeciente, en el fondo de cada uno de esos compañeros de instante, decorados con su vestuario social y su maquillage identicial. Puedo verlos como son en verdad, a veces...
Mis compañeros de piso me saludan al llegar. Hablamos poco, fumamos mucho, repartimos amor a raudales entre nosotros. A veces arrancamos una persiana, para pasar un buen rato en familia. Otras veces jugamos al poker o compartimos música a todo trapo.
A veces me arranco la piel, algunas veces. Entonces me corro de placer o invoco las caricias de la madre y las uñas dan paso a las yemas y llegan las caricias...
El mundo está cambiando: bailando cada día, saboreando los momentos, entregando las dudas al universo y repitiendo el 'no paza nada', que lo arregla todo...
El mundo está cambiando, pero no la sociedad, ni el sistema, ni la economía, ni las personas, no, es la mente lo que está cambiándo.
En lo más profundo del subconsciente colectivo de todos nosotros, algo está cambiando porque he decidido que somos inocentes y estoy perdonando al mundo. Eso, debería afectarnos a todos...
Aun hay más, pero será otro día.
Pd. La rebelión de los perros está comenzando...

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