Volvemos a la vida...
Seducimos los instantes como amantes ávidos.
Ayúdanos. No estando solos. Nos ayudamos si queremos.
No necesitamos dinero, ni trabajo, ni egoismo.
Faltan personas.
Tu y yo, juntos, podemos, si queremos, claro,
acariciarnos, como notas de piano, sintiendo el infinito.
Tras
zen
de
mos.
Amantes santos del instante somos.
Suicidas sutiles susurrándonos
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Poesía...
¿Qué luz es la que en mi mente despunta?
Es el balcón de oriente,
y el Espíritu Santo es el sol. Sube radiante,
¡Amioga mía! Disuelve el ego luna
quien de pena pálido y triste está porque en verdad
le vence tu hermosura.
¡Ella el Cristo niño es! ¡O es mi amor!
¡Y si supiese lo que soy!
Tu vivo resplandor, o mente mía,
oscureciera el brillo de esos astros,
como la luz del sol la de una tea:
mi mente desde el cielo derramara
por las ignotas regiones tal torrente de luz,
que a medianoche el mundo despertara,
y a la aurora saludaría con su voz cantora,
y a la noche aprendería a ignorar.
Es el balcón de oriente,
y el Espíritu Santo es el sol. Sube radiante,
¡Amioga mía! Disuelve el ego luna
quien de pena pálido y triste está porque en verdad
le vence tu hermosura.
¡Ella el Cristo niño es! ¡O es mi amor!
¡Y si supiese lo que soy!
Tu vivo resplandor, o mente mía,
oscureciera el brillo de esos astros,
como la luz del sol la de una tea:
mi mente desde el cielo derramara
por las ignotas regiones tal torrente de luz,
que a medianoche el mundo despertara,
y a la aurora saludaría con su voz cantora,
y a la noche aprendería a ignorar.
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