Vuelvo a escribir como parte de una nueva rutina. Una rutina de cosas sencillas que me sientan bien, como por ejemplo escribir. Le voy a llamar: proyecto 33. Comienzo un ciclo y tengo claro que quiero estar bien desde mi, dejando que mi corazón me guié.
Está bien, cambios, movimientos, estoy viviendo en El Barranco del Lobo, bueno, no exactamente, cerca. En una casa toda de hombres, lobos, manada.
En realidad son varias casas, con unas terrazas increibles. Un sitio perfecto donde bailar, entrenar y jugar. Dos compañeros son programadores informáticos, cosa que se sincroniza muy bien en este momento, con mis proyectos. Y mucho espacio, estoy solo en la casa esta semana, los otros están en las casas de al lado. Y no tengo nada aun, en una habitación enorme de suelo de parqué, la cama en un altillo, nada más. Solo espacio, mucho.
He venido a la Floresta, cerca de Toni, por el proyecto de la manta. Pero estas montañas y valles están plagados de gente bonita e interesante. Me he cruzado con Felix y este sábado hacemos fiesta en casa de Rubén, hoy estuve caminando y charlando con Sarah.
Pero soy consciente de que los proyectos necesitan que les dedique horas. Tengo que encontrar más horas de trabajo. El videojuego avanza de forma hermosa, estoy lleno de ideas y lo mejor de todo es que me salen, estoy haciendo, más o menos, todo lo que quiero. A jugar...
5 ritmos, 4 días para mi cumpleaños, trio de corazones, dos celebraciones, un universo.
Hay tantos universos y nosotros solo habitamos uno...
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