Vivir el Momento Presente

Ayer el trabajo se hizo largo y duro, surgieron problemas que no podía resolver, hasta el punto que empecé a rallarme. Perdí mi habitual buen humor y empecé a sentir pesada la cabeza, me estaba aturdiendo. Por suerte, al salir, elegí ir a biodanza en lugar de al futbol. K logró devolverme la buena energía desde la pasión. Preparó una preciosa clase sobre lo que nos enciende y apasiona. Yo me di cuenta que hay cosas que nos desapasionan y que realmente nos sacan de nuestro bienestar, como son los problemas, las complicaciones o los contratiempos. Por suerte K supo llevarnos en un viaje hacia la pasión y el disfrute, en el que acabamos dándonos amor en forma de caricias y mimos, 6 bonitas chicas y yo. Algunas veces me sorprende que no haya más tíos en la danza, otras veces simplemente lo disfruto.

Esta mañana pillé el coche de alquiler. Viajé a través de niebla y lluvia, hasta llegar a Pontevedra. y encontrarme con el triple de trabajo del que me esperaba. Así que me até una cinta en la cabeza, me puse los cascos con música, respiré profundamente y me concentré en el momento presente, en lo que estaba haciendo, sin prisa, sin ansiedad, con atención, pasito a paso, poquito a poco, pero muy atento a cada cosa, intentando hacerlo todo lo mejor posible. Para el mediodía ya estaba más tranquilo, aun así pedí una pizza y comí en la radio, para seguir trabajando, casi sin descanso (Salvo por los 20 minutos del episodio de Naruto de cada jueves). 


Tantas horas, tan concentrado en el trabajo han sido como una meditación o más bien como una anti-meditación. Pues me han sacado completamente de mi ser, me han hecho perderme de vista, perder de vista la perspectiva de mi vida y de las personas que están en mi, aunque no estén cerca. Esto me pasa a veces: los árboles no me dejan ver el bosque o pierdo de vista el mundo al concentrarme en una tarea. 

Por suerte he cumplido con mi tarea, he superado todos los contratiempos, una y otra vez. No he dejado que me frenaran ni me vencieran y aunque me hayan sacado un poco de mi centro, un paseo por pontevedra, por su precioso casco antiguo; una cena tranquila coronada con una gran copa de helago y escribir un poco las líneas de este instante, me ayudan a volver al momento presente, a mi mismo. Me gustaría darme un bañito con sales de lavanda en el Parador de Pontevedra, que es muy bonito por cierto...








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