Las lágrimas corrían por el rostro de Taiki sin que a este pareciera importarle. En aquel momento nada le importaba salvo el joven cuerpo que sostenía entre sus brazos. No podía dejar de repasar los momentos que había compartido con ella durante los últimos tres meses. Tres meses en los que la vida se había girado para mirarla fijamente a ella, para dedicarle toda su atención. ¿Toda su atención?. No, eso no era del todo cierto, su atención había estado proyectada sobre la partida que estaba en juego. Pero ella, ella lo había cambiado todo, había llenado de amor tantos instantes, le había convertido en padre, paciente, atento y delicado. Y ahora yacía muerta entre sus brazos.
Unos quejidos asustadizos le habían despertado en medio de la noche, se levantó corriendo para ver que ocurría. Pero cuando llegó y ella sintió su presencia, cuando ella sintió el cálido y conocido contacto de su manos, entonces dejó de tener miedo y se relajó. Se relajó totalmente, se entregó a la muerte sabiendo que su papi estaba junto a ella, que entonces nada malo podría ocurrirle.
Recordó cuando iban por la calle, ella no le quitaba ojo de encima. Con una admiración devocional ella mantenía todo el tiempo su cabecita girada hacia él, aun a riesgo de tropezar o de chocar con algo, cosa que ya había ocurrido en más de una ocasión.
Pero ahora yacía muerta entre sus brazos. Su cuerpecito marrón y peludo caía flácido, totalmente relajado, recién muerto por culpa de una rapidísima gastronteritis.
- Ahora por fin descansa, estará bien. Estas cosas les ocurren a los cachorros.- Dijo Kenia.
Taiki sintió que la rábia recorría su cuerpo, sintió un escalofrío y comenzó a temblar levemente. No pudo evitar espetarle a Kenia:
- ¡Tú! ¡Tú que no sientes nada! ¡Estás tan acostumbrada a la muerte que ya no sientes nada! ¡No puedes comprenderlo! ¡Era como una hija para mi! Me entregue a ella en cuerpo y alma, lo era todo para mi, la cuidé con todo mi amor, le di todo mi cariño y ya no volverá a lamerme la cara con su pequeña y áspera lengueci...
No pudo terminar la frase, las palabras se le enredaban entre las lágrimas y los sollozos. Aun llorando cayó al suelo de rodillas abrazado al cuerpo de su perrita.
Kenia lo contemplaba compasiba sin decir nada. Nada de lo que dijero podría apaciguar su dolor. Sus rasgos orientales remarcaban con fuerza la tristeza de su rostro. Era cierto que la perrita había sido un estorbo desde el primer momento y que había estado totalmente en contra de que los acompañase. Pero también era verdad que había empezado a sentir un especial afecto por esa bola de pelo que movía el rabo todo el día y que se desesperaba por lamer la cara de cualquiera que la cogiera en brazos.
Sin embargo Taiki estaba un poco en lo cierto: no sentia nada. Durante un instante volvió a Mathare, al día en que los Mungiki entraron en su casa destrozando todo, estrellando la cabeza de su madre contra el suelo y hundiendo un puñal en el cuello de su padre hasta que la cabeza terminó por separarse del cuerpo. Ella, aun una niña lo contemplaba todo impasible, sin sentir nada. Tampoco sintió miedo mientras le arrancaban la ropa; y estuvo tarnquila mientras la optrimían contra el suelo justo antes de que ella llegara. Marta llegó, la salvó y después se hizo cargo de todo. Decia que no sentir nada era bueno para el ofició, decía que sería realmente buena. Y estaba en lo cierto.
Sería facil deshacerse de un cuerpo tan pequeño. El problema era que Taiki querría enterrarla en un sitio especial, en algún lugar donde pudiera volver a visitarla y aquello lo complicaba un poco todo. Fué a buscar una toalla y sin decir nada cubrió a la perrita con ella. Puso una mano sobre el hombro de Taiki y lo miró seria y profundamente. Este asintió como respuesta en aquel diálogo silencioso y terminó de envolver a la perrita con la toalla. Soltó un profundo suspiro, se puso en pié y se enjugó las lágrimas de su rostrosin dejar de mirar el bulto que reposaba a sus piés. Kenia lo recogió con delicadeza mientras Taiki se ponía las deportivas y cogía un abrigo.
Dos figuras de ropa oscura bajaron las escaleras hasta la calle. Kenia comprobó que todo estuviera despejado, se movía con la agilidad y suvidad de un gato; y su piel negra a juego con sus ropa la transformaba en una sombra más del paisaje nocturno, casi invisible al ojo poco atento. Un Open Corsa negro centelleó no lejos de alli, a un lado de la calle completamente vacía a aquellas horas. Eran alrededor de las 4 de la mañana de aquella fría noche de Octubre en Stuttgart. El coche arrancó despacio y avazó por las calles vacías rumbo al Rosenstein Park.
No había sido facil encontrar un lugar 'adecuado' para enterrar el cuerpo de la perrita, a demás el suelo estaba terriblemente duro por el frío. Pero por fin Maya descansaba en contacto con la tierra. Las lagrimas de Taiki se habían detenido y ahora solo quedaba una expresión seria que miraba más allá del horizonte en aquella oscura noche de aquella ciudad germana. Sonaba música en la radio, el estribillo repetía una y otra vez: 'O ein Gott ist der Mensch, wenn er träumt, ein bettler, wenn er nachdenkt'. Taiki se concentró tratando de traducir aquella expresión que le resultaba tan familiar.
- ¡Hölderin! - Excalmó sorprendido, pero con la tristeza aun pegada a su voz. Y tradujo para Kenia:- 'El hombre es un Dios cuando sueña y un mendigo cuando reflexiona', es lo que repite una y otra vez la canción.
Kenia lo miró de reojo con un brillo muy especial en la mirada y dijo:
- Con todo lo que ha pasado no creo que podamos convertirnos en dioses esta noche. ¿Qué quieres que hagamos?
- Vámonos de aquí, quiero alejarme cuanto antes de esta ciudad, quiero centrar mi cabeza de nuevo en la partida. Vámonos a España, Agua vive en Barcelona, ¿no?
- Sí. -Respondió Kenia.- Entonces vamos a ver a Marcus, ya debería tener listo tu juguetito, lo recogemos y nos vamos.
¡Por supuesto! El VR7, ¿cómo había podido olvidarlo? La muerte de Maya lo había eclipsado todo, incluso la razón que los había retenido allí aquellas ultimas dos semanas. Marcus había prometido tenerlo listo en 15 días, pero sabían que él y su equipo de tecnoadictos se habían vuelto locos cuando Taiki les enseñó los exquemas del VR7. Era probable que estuviera listo.
- ¿Crees que estarán despiertos a esta hora? - Preguntó Taiki
- Esa gente nunca duerme. - Respondió Kenia que ya había tomado rumbo a la casa-taller de Marcus.
La ciudad corría a su alrededor, quedaban atrás las casas, los parques, las farolas. Todo estaba iluminado por esa luz amarilla que daba una sensación de irrealidad a la ciudad que bien podría confundirse con un sueño. En esto pensaba Taiki mientras contemplaba la luz que se colaba por entre las ramas y las hojas de los arboles, mientras veía las sombras transformar las fachadas de los edificios, contemplando su propia mirada perdida en si misma en su reflejo dentro del coche contra los cristales de los comercios. La música en la radio seguía encendida, era el turno de Mikel Jackson, sonaba Heal the World...
Unos quejidos asustadizos le habían despertado en medio de la noche, se levantó corriendo para ver que ocurría. Pero cuando llegó y ella sintió su presencia, cuando ella sintió el cálido y conocido contacto de su manos, entonces dejó de tener miedo y se relajó. Se relajó totalmente, se entregó a la muerte sabiendo que su papi estaba junto a ella, que entonces nada malo podría ocurrirle.
Recordó cuando iban por la calle, ella no le quitaba ojo de encima. Con una admiración devocional ella mantenía todo el tiempo su cabecita girada hacia él, aun a riesgo de tropezar o de chocar con algo, cosa que ya había ocurrido en más de una ocasión.
Pero ahora yacía muerta entre sus brazos. Su cuerpecito marrón y peludo caía flácido, totalmente relajado, recién muerto por culpa de una rapidísima gastronteritis.
- Ahora por fin descansa, estará bien. Estas cosas les ocurren a los cachorros.- Dijo Kenia.
Taiki sintió que la rábia recorría su cuerpo, sintió un escalofrío y comenzó a temblar levemente. No pudo evitar espetarle a Kenia:
- ¡Tú! ¡Tú que no sientes nada! ¡Estás tan acostumbrada a la muerte que ya no sientes nada! ¡No puedes comprenderlo! ¡Era como una hija para mi! Me entregue a ella en cuerpo y alma, lo era todo para mi, la cuidé con todo mi amor, le di todo mi cariño y ya no volverá a lamerme la cara con su pequeña y áspera lengueci...
No pudo terminar la frase, las palabras se le enredaban entre las lágrimas y los sollozos. Aun llorando cayó al suelo de rodillas abrazado al cuerpo de su perrita.
Kenia lo contemplaba compasiba sin decir nada. Nada de lo que dijero podría apaciguar su dolor. Sus rasgos orientales remarcaban con fuerza la tristeza de su rostro. Era cierto que la perrita había sido un estorbo desde el primer momento y que había estado totalmente en contra de que los acompañase. Pero también era verdad que había empezado a sentir un especial afecto por esa bola de pelo que movía el rabo todo el día y que se desesperaba por lamer la cara de cualquiera que la cogiera en brazos.
Sin embargo Taiki estaba un poco en lo cierto: no sentia nada. Durante un instante volvió a Mathare, al día en que los Mungiki entraron en su casa destrozando todo, estrellando la cabeza de su madre contra el suelo y hundiendo un puñal en el cuello de su padre hasta que la cabeza terminó por separarse del cuerpo. Ella, aun una niña lo contemplaba todo impasible, sin sentir nada. Tampoco sintió miedo mientras le arrancaban la ropa; y estuvo tarnquila mientras la optrimían contra el suelo justo antes de que ella llegara. Marta llegó, la salvó y después se hizo cargo de todo. Decia que no sentir nada era bueno para el ofició, decía que sería realmente buena. Y estaba en lo cierto.
Sería facil deshacerse de un cuerpo tan pequeño. El problema era que Taiki querría enterrarla en un sitio especial, en algún lugar donde pudiera volver a visitarla y aquello lo complicaba un poco todo. Fué a buscar una toalla y sin decir nada cubrió a la perrita con ella. Puso una mano sobre el hombro de Taiki y lo miró seria y profundamente. Este asintió como respuesta en aquel diálogo silencioso y terminó de envolver a la perrita con la toalla. Soltó un profundo suspiro, se puso en pié y se enjugó las lágrimas de su rostrosin dejar de mirar el bulto que reposaba a sus piés. Kenia lo recogió con delicadeza mientras Taiki se ponía las deportivas y cogía un abrigo.
Dos figuras de ropa oscura bajaron las escaleras hasta la calle. Kenia comprobó que todo estuviera despejado, se movía con la agilidad y suvidad de un gato; y su piel negra a juego con sus ropa la transformaba en una sombra más del paisaje nocturno, casi invisible al ojo poco atento. Un Open Corsa negro centelleó no lejos de alli, a un lado de la calle completamente vacía a aquellas horas. Eran alrededor de las 4 de la mañana de aquella fría noche de Octubre en Stuttgart. El coche arrancó despacio y avazó por las calles vacías rumbo al Rosenstein Park.
No había sido facil encontrar un lugar 'adecuado' para enterrar el cuerpo de la perrita, a demás el suelo estaba terriblemente duro por el frío. Pero por fin Maya descansaba en contacto con la tierra. Las lagrimas de Taiki se habían detenido y ahora solo quedaba una expresión seria que miraba más allá del horizonte en aquella oscura noche de aquella ciudad germana. Sonaba música en la radio, el estribillo repetía una y otra vez: 'O ein Gott ist der Mensch, wenn er träumt, ein bettler, wenn er nachdenkt'. Taiki se concentró tratando de traducir aquella expresión que le resultaba tan familiar.
- ¡Hölderin! - Excalmó sorprendido, pero con la tristeza aun pegada a su voz. Y tradujo para Kenia:- 'El hombre es un Dios cuando sueña y un mendigo cuando reflexiona', es lo que repite una y otra vez la canción.
Kenia lo miró de reojo con un brillo muy especial en la mirada y dijo:
- Con todo lo que ha pasado no creo que podamos convertirnos en dioses esta noche. ¿Qué quieres que hagamos?
- Vámonos de aquí, quiero alejarme cuanto antes de esta ciudad, quiero centrar mi cabeza de nuevo en la partida. Vámonos a España, Agua vive en Barcelona, ¿no?
- Sí. -Respondió Kenia.- Entonces vamos a ver a Marcus, ya debería tener listo tu juguetito, lo recogemos y nos vamos.
¡Por supuesto! El VR7, ¿cómo había podido olvidarlo? La muerte de Maya lo había eclipsado todo, incluso la razón que los había retenido allí aquellas ultimas dos semanas. Marcus había prometido tenerlo listo en 15 días, pero sabían que él y su equipo de tecnoadictos se habían vuelto locos cuando Taiki les enseñó los exquemas del VR7. Era probable que estuviera listo.
- ¿Crees que estarán despiertos a esta hora? - Preguntó Taiki
- Esa gente nunca duerme. - Respondió Kenia que ya había tomado rumbo a la casa-taller de Marcus.
La ciudad corría a su alrededor, quedaban atrás las casas, los parques, las farolas. Todo estaba iluminado por esa luz amarilla que daba una sensación de irrealidad a la ciudad que bien podría confundirse con un sueño. En esto pensaba Taiki mientras contemplaba la luz que se colaba por entre las ramas y las hojas de los arboles, mientras veía las sombras transformar las fachadas de los edificios, contemplando su propia mirada perdida en si misma en su reflejo dentro del coche contra los cristales de los comercios. La música en la radio seguía encendida, era el turno de Mikel Jackson, sonaba Heal the World...
Curar al Mundo
Hay un lugar en tu corazón
y yo se que es amor,
y este lugar puede ser mucho más brillante mañana.
Y si tu realmente intentas
encontrarás que no hay necesidad de llorar
en este lugar sentirás que no hay dolor ni penas.
Hay maneras de llegar allí
si te preocupas suficiente por la vida
haz un pequeño espacio
haz un lugar mejor...
Cura al mundo
hazlo un lugar mejor
por ti y por mi y por toda la raza humana.
Hay gente muriendo
si te preocupas suficiente por la vida
haz un mejor lugar por ti y por mi.
Si quieres saber porque
hay un amor que no puede mentir
el amor es fuerte
solo importa que sea dado alegremente.
Si tratamos
debemos ver
en esta felicidad
no podemos sentir miedo o pavor
dejaremos de existir y comenzaremos a vivir.
Entonces siento que siempre
el amor es suficiente para nuestro crecimiento
así que hagamos un mundo mejor
haz un mundo mejor...
Cura al mundo
hazlo un lugar mejor
por ti y por mi y por toda la humanidad.
Hay gente muriendo
si te preocupa lo suficiente la vida
haz un mundo mejor por ti y por mi.
Y el sueño que estamos concibiendo
nos revelará una cara alegre
y el mundo en el que creíamos
brillará una vez más.
Entonces por que mantenemos esta sofocante vida
que hirió este planeta
crucificó su alma
aunque esto es sencillo de ver
este mundo celestial existe por el brillo de Dios.
Podemos volar tan alto
sin dejar que alguna vez mueran nuestros espíritus
en mi corazón yo siento que todos ustedes son mis hermanos.
Creen un mundo donde no haya miedos
juntos lloraremos lágrimas felices
veremos las naciones convertir sus espadas en rejas de arado.
Podemos realmente llegar allí
si te preocupa lo suficiente la vida
haz un pequeño espacio
para hacer un lugar mejor...
Cura al mundo
hazlo un lugar mejor
por ti y por mi y por toda la humanidad
hay gente muriendo
si te importa lo suficiente la vida
haz un lugar mejor por ti y por mi.
Cura al mundo
hazlo un lugar mejor
por ti y por mi y por toda la humanidad.
Hay gente muriendo
si te importa lo suficiente la vida
haz un lugar mejor por ti y por mi.
Curar al mundo
hazlo un lugar mejor
por ti y por mi y por la humanidad.
Hay gente muriendo
si te preocupa lo suficiente la vida
hazlo un lugar mejor por ti y por mi.
Hay gente muriendo
si te preocupa lo suficiente la vida
haz un lugar mejor por ti y por mi.
Hay gente muriendo
si te preocupa lo suficiente la vida
haz un lugar mejor por ti y por mi
por ti y por mi
por ti y por mi...
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