Blanka eclipsa a Ingrid como dijo Silvia. Pero eso está bien, ella no quiere destacar, ella es...
Sonido Maravilloso.
Sonido Maravilloso.
'Sentía que era eternidad', me dice mientras salimos del metro. 'No lo buscaba ni me esforzaba, era evidente para mi, totalmente obvio. Fué buscando la manera de que todo el mundo comprendiese esto como me perdí'.
Caminamos hacia un bar donde su madre dionisiaca actua sobre un trapecio. De camino añade: 'no puedes buscarlo, pues es imposible encontrarlo, tienes que vaciarte y entonces te llena'. No paro de sorprenderme, '¿cómo es posible que alguien que nunca ha tenido nada que ver con el Curso, tenga estas ideas?'. Le digo que estoy de acuerdo con ella y dentro de mi reafirmo mi postura.
Llegamos al bar, conozco a sus padres dionisiacos, me presenta como otro hermanito. La familia crece.
Desde ese momento no puedo evitar llamar 'padre!' a ese hombre rechoncho y bonachón, al que le faltan 3 o 4 dientes, algunos pelos y los que conserva son totalmente blancos.
Su madre aun viste las ropas del espectáculo que interpretó. Es tarde, nos lo hemos perdido. Pero nos quedamos y bebemos y seguimos hablando de todo eso que no es nada en realidad, pero que a la vez...
Le cuento una historia que escuché en la India, en el ashram de Amma:
'Dos niños se están bañando en la playa y uno de ellos se mete cada vez más profundo, hasta que no hace pié. El que observa a su temerario amigo, se asusta y le dice:
- ¡No te metas tan adentro!, ¿no tienes miedo de ahogarte?
A lo que el otro niño le contesta:
- No. No tengo miedo. Sé que mi madre está mirandome y mientras ella esté cerca nada malo puede pasarme.
Así, el espíritu de la Madre, explica Amma, está siempre cerca de nosotros protegiéndonos y evitando que cometamos ningún error verdadero, está guiándonos todo el tiempo.
Creo que el Espíritu Santo del Curso es lo mismo que la Madre de otras religiones: el maestro interior que nos protege y nos guia de forma segura hacia nosotros mismos.
Yo, personalmente, me siento más cómodo invocando la protección de la Madre y puesto que todos los símbolos son falsos, que más dá.
De pronto, nos arrastramos bailando contact hasta el centro del escenario abandonado.
Son 3 o 5 minutos de perfecta conexión, jugando nuestros cuerpos, intuyendo cada movimiento, fluyendo suavemente, en hermosa armonía. Todo va bien, hasta que nuestras cabezas chocan brutalmente, y ella se queda aturdida unos instantes.
Más tarde atravesamos la cortina del escenario, para llegar a las habitaciones de los niños. El suelo está plagado de pañuelos rojos, hay una gran colchoneta y del techo cuelgan dos trapecios y una tela. La estancia es casi circular, la mitad de ella está dividida en dos niveles: las habitaciones, pintadas con bellos dibujos para niños, y un segundo nivel creado por el techo de las habitaciones, al que se accede por una escalera.
Tres pequeñas criaturas se avalanzan sobre mi. Lucho contra ellas durante media hora. Es un entrenamiento bellísimo y muy duro: jugar con niños, de esa manera, durante tanto tiempo. Ingrid se balancea y ríe sobre un trapecio, animándoles.
La siguiente vez que la veo es en el estreno de su obra sobre la locura ('lo cura la lo cuuu raaaa..'). Llega tarde, todos llegamos tarde, Blanka lleva casi una hora sola esperando. Me enseña la máscara del doctor del teatro de la comedia, con una larga nariz blanca, muy bella. Lo preparamos todo, llega la gente y también algunos nervios.
Estamos listos. La puerta está cerrada ante nosotros, la máscara está sobre mi cara, transformando mi viejo ser en algo nuevo. Empujo las puertas y aparecemos ante el público.
Las llevo hasta el escenario y las arrojo sobre el diván:
'- ¡Silencio!, ¡silencio he dicho!
Adictos...
Adictos a las palabras...
Blablablá blablablá blablablablás!!
Adictos a conversaciones, adictos a relaciones, adictos a mentiras, adictos a trabajos, adictos al mundo!!!
Aquí os traigo un par de adictas. Adictas a otra cosa...
Adictas al silencio, a lo que no puede ser expresado con palabras, a las verdades ocultas.
¡Ígneas amantes de la locura y de la vida!
Silencio, sólo silencio...'
O algo así se escapa de mi boca.
Entonces empiezamos a navegar sobre un barco de vómito de ballena.
'¡¡Llevamos toda la puta vida aquí metidos!!'
'Mí única oportunidad de escapar perdida, ¡padre!, ¡madre!, ¡a vosotros trambién os han cogido!'
Impresionante...
'Ingrid...', susurro en su oido antes de irme. 'Santi hago', dice en el mío y estallamos en un millón de risas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario