Es fácil dejarse lleva por el ritmo desenfrenado de la vida...
Perder de vista el presente al pasar a 120km/h por el.
El tiempo es nuestro aliado, juega siempre a nuestro favor. Va colocando todo en su sitio, poco a poco, lentamente...
Nada sucede por casualidad, todo forma parte de un plan que nos tiene a todos en cuenta, que tiene a cada animal y a cada cosa en cuenta. Es la Historia, con mayúsculas, la Gran historia que nos ha tocado vivir.
Cuesta comprender muchas veces porque ocurre esto o que hacemos aquí. Cuesta comprender porque no hay respuesta con palabras a estas preguntas. La verdadera respuesta está hecha de otra cosa. Hay una energía que responde a esa pregunta. Por suerte esa energía está en todos nosotros y en cada cosa a nuestro alredor.
Cuando nos conectamos los unos con los otros establecemos una red de dicha energía. Entonces es cuando crecemos, no envejecemos, no medramos. No, crecemos, de verdad: nuestro ser interior se aproxima un poco más al centro, al equilibrio, da un pasito más en el camino hacia el Sí mismo.
Ese ser salvaje y puro que se regocija y vibra y baila con la existencia sin miedo alguno.
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