El deseo y el miedo son las armas que esgrime nuestro ego para mantenernos aferrados al mundo material. Son el peso que nos encadena al mundo impidiendo que nuestra conciencia tome prespectiva y lo contemple todo desde el punto de vista de la eternidad. Cuando nos identificamos con los deseos y miedos del cuerpo, perdemos la conciencia de lo eterno.
Sin embargo, dando un paso atrás, haciendonos a un lado y no implicándonos, tomamos prespectiva de todas las cosas y nos liberamos de las ataduras del ego. Pasando así a contemplar nuestra vida corporal como una escena del camino y no como el camino en si mismo. Entonces el deseo desaparece y el miedo se deshace.
Toda nuestra vida física es tan solo un escalón en el ascenso a nuestra verdadera identidad. Si nos volvemos libres de actuar sin miedo al pasado ni al futuro, si nos entregamos totalmente al presente, sin apegos ni miedos, podremos disfrutar de los regalos que la vida nos brinda todo el tiempo en todas partes: aquí y ahora mismo...
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