Un Dia en la Playa


Quedamos en el andén de plaza Cataluña dirección Mataró. Yo llego 20 minutos antes de tiempo y salgo a la plaza a bailar con un palo de bambú que he traido de casa. La gente me mirá, pero yo soy feliz bailando.

Bajo al andén, son las 12 y poco, veo a Blanka entre la gente y la sorprendo en postura de samurai, como si fuera un espadachín. Primero se asusta y luego se ríe. Beso sus labios como de costumbre.
A los pocos minutos llegan Marta y Leia; e Ingrid llega cuando ya estamos dentro del tren, corriendo, pero llega.

Viajamos con música, hasta que una chica empieza a cantar como los ángeles y apago la música para escucharla (por petición de Ingrid, que la ha escuchado otras veces y dice que es muy buena). Estamos gritando '¡Otra!, ¡otra!', cuando el tren llega a Okata, nos bajamos, empieza la siguiente canción, pero antes de que cierre las puertas vuelvo a subir y le doy 2€.

Tomamos un café mientras hablamos de eternidades, de locura, del teatro de la vida y de nuestras experiencias de intentos de suicidio.

Por fin vamos para la playa, en la que hay más gente de la que me gustaría. Nos sentamos muy cerca de la orilla y, aunque no es una playa nudista, me desnudo totalmente lo mismo que Ingrid. Marta y Blanka no se quitan nada, dicen que tienen frío. Pero por temor a que el sol me haga daño, me pongo un bañador.

Durante dos horas lanzamos ideas sobre el espectáculo. Creamos 3 bloques: al principio será una escuela, Ingrid es la maestra y el público y los demás, mezclados entre la gente, somos alumnos. Ingrid comienza a volverse loca, lo comprende todo y llega su viaje. Entonces pasamos a la escena del psiquiatrico. Todos empiezan a comportarse como locos, con acciones predefinidas y yo, con la máscara del médico, juego y manipulo la escena. Blanka lanza su rap, le pareció buena idea lanzarlo aquí, porque lo escribió en el psiquiatrico. De ahí pasamos al interior de la mente de Ingrid, con un cambio de iluminación y de vestuario, cada uno de nosotros somos una de sus emociones y bailamos transmitiendo su dialogo. Yo soy la euforia y Marta el pesimismo (no somos exactamente eso, pero no encontramos las palabras adecuadas), construimos un equilibrio acrobático mientras Blanka e Ingrid se mezen abrazadas en el suelo, para dar paso al monólogo de Blanka ('yo soy un mundo y voy a cambiar'), que terminamos todos con el Baile Perfecto.


En un momento dado veo como Ingrid abre un tupper de comida y derrama arena dentro de la comida. Se lo digo, pero no me escucha. Me pasa el tupper y trato de comer esquivando la arena. Luego come ella, pero ningún grano de arena entra en su boca. Come otra persona y le digo que tenga cuidado con la arena, a lo que Ingrid me dice que he sido yo el que he tirado la arena dentro de la comida. Entonces le describo la escena en la que ella tiró la arena y me responde con algo que me dejó totalmente alucinado:
'Yo no vi caer arena en el tupper ni me encontré arena mientras comía, para mi no existía arena dentro del tupper. Fuiste tu el que fabricó la escena en la que yo tiraba arena en la comida, ¿porque has hecho eso?'.
'Para proyectar mi culpabilidad inconsciente sobre tí', le digo, pero nadie me hace mucho caso.

Bailo mi solo para que lo vean, les enseñamos los equilibrios acrobáticos que no conocían. Juego con el palo de bambú un rato, antes de sentarme a meditar en la arena. Cuando abro los ojos Blanka, desnuda, sale del agua. Pienso en lo mucho que se parece a Laura o Fanny, mis exnovias. Se va corriendo a secarse y lucir su cuerpazo, mientras medito profundamente sobre lo que siento por ella y llego a una conclusión que no puede ser escrita con palabras, pero que me hace comprender la límitadísima idea del amor que he tenido toda mi vida (son las 2:54 mientras escribo esto, suena el teléfono, es ella, le cuento sobre esto que escribo, hablamos sobre el espectáculo, me dice que está muy ilusionada, quedamos para mañana ir a la maratón artística del Bahia a las 11).

Poco después, juego a cortar el mar con mi espada de bambú. Trazo un tajo perfecto en una gran ola, que consigue mojarme bastante. 'Lo hemos dejado en empate', comento cuando llego a la toalla y me siento apoyando mi espalda en la espalda de Blanka. Miro la gente que nos rodea, pero no son nadie, mientras detrás de mi, Blanka prepara bocadillos de jamón serrano con queso curado y tomate. Se lo ha traido por su madre y lo comparte hasta gastarlo con todos nosotros.

A las 17h tengo que estar trabajando, así que antes de las 16h, Marta y nos empezamos a marchar. Beso sus labios, una vez más, con infinita ternura; beso también a Ingrid en los labios, aunque no es lo mismo. Abrazo a Guille y, antes de marcharnos, Ingrid comenta algo así como 'abandonais nuestra pequeña nación'.
Mientras camino entre la gente, en el tren y luego en la cuidad, no puedo evitar sentirme como un extrangero lejos de su patria...


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