La Letra Con Sangre Entra


- Hay una frase de Lobo Estepario que me gustó mucho.

Ingrid busca en el libro que le regalé, y entonces lee:
- "El dolor nos recuerda nuestra condición elevada".
- Creo que me vendrá bien recordarla mientras me hacen el tatuaje.
Le digo.

Más tarde, en un lugar de paredes blancas, teléfono negro, cuadros de muñecos de trapo, un hada besando a una luna, olor a incienso y música tranquila, Montse me dice:

- Te voy a clavar 14 agujas al mismo tiempo, si te interesa saberlo.
- Sí, es un dato interesante.
Le respondo.

Durante la hora y media que dura el proceso, juego a enfocar de distintas maneras el dolor.
No todos los días tiene uno ocasión de experimentar una hora y media de dolor voluntario.
Así que me concentro en las agujas penetrando en mi piel y trato de perdonarlas. Luego buceo hasta los orígenes más abstractos del dolor. También juego a entregarlo al universo, compartiéndolo con la existencia. Me imagino que el dolor no viene de un punto, si no que se reparte por todo mi cuerpo. Y me identifico con el dolor y entonces yo soy dolor y el dolor ya no es dolor, es tan sólo una extensión de mi ser. Pierde su significado negativo y queda integrado en la totalidad.

Cuando termina, todo parece haber sido un sueño.


Mientras ha durado, he estado identificando el sonido de la máquina, la música, la imagen que entra en mis ojos y las sensaciones que me invaden, con esa vibración... Omh.
El sonido que compone el universo. El sonido del silencio. La melodía universal.
El mantra que hace vibrar la raiz divina de nuestro Ser.


- La letra con sangre entra.
Digo.
-Nunca mejor dicho.
Me responde Montse.



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