Me sumerjo en el humo y me diluyo en el alcohol y así me distraigo de lo que en verdad soy. Acaricio un teclado y luego arraco la piel de mi cuerpo. Juego a que hay una salida en el mundo y que se esconde bajo la piel que poseo. Juego a escapar de mi mismo, a saltar en la noche, a suicidarme de nuevo, juego a la muerte, juego al desenfreno, a la locura, al dolor y al deseo. Juego a que no estoy vivo, juego a que mato a niños, juego al suicidio.
Estoy cansado de hacerme daño, eso es todo. Estoy tan cansado, tan cansado, tan cansado... siempre he buscado un poquito de amor... pero el mundo no me respondía, comencé a odiarlo y también odié a Dios, sí, odié a Dios por todo lo que me había hecho, y a su hijo por no salvarme, y a mi mismo por ser su hijo.
Los odie, los he odiado y una parte de mi aun los odia. Más sólo me odio a mi mismo y no lo sabía. Nadie más que yo mismo me ha hecho daño... no hay ningún otro ser responsable, no hay nadie más a quien culpar, pues yo soy el mundo.
Hoy me perdono, y a Dios, y a su Hijo. Me perdono y me cuido, me perdono y me amo. Trato de ver que todo lo que hice lo hice por miedo... todo ese dolor, todo ese sufrimiento, sentía tanto miedo... y aun lo siento, pero menos. Ahora se que no estoy sólo, Papa está conmigo, aunque yo haya querido matarlo, el tan sólo ha sonrreido todo el tiempo, sabiendo que no podía hacerme daño realmente, que todo era un juego. Él. Él sabía que tarde o temprano me daría cuenta. Que listo eres, Padre, tu lo sabías todo... sabías que me lo estaba haciendo a mi mismo, sabías que no podía hacerme realmente daño. No permitiste que el recuerdo del cielo fuese borrado de mi mente, por mucho que yo quisiera la muerte, tu me cuidaste y aun me cuidas.
Gracias Padre.
Ahora comienzo el camino de regreso a casa. Tengo que perdonarme por todo lo que creo que he hecho, Papa ya me ha perdonado, Él sabe la verdad sabe que no he hecho nada. Pero yo aun no lo tengo claro, me siento tan culpable, tan culpable, tan culpable... pero me perdono, me perdono, me perdono.
Cada día trato de hacerlo...
Estoy cansado de hacerme daño, eso es todo. Estoy tan cansado, tan cansado, tan cansado... siempre he buscado un poquito de amor... pero el mundo no me respondía, comencé a odiarlo y también odié a Dios, sí, odié a Dios por todo lo que me había hecho, y a su hijo por no salvarme, y a mi mismo por ser su hijo.
Los odie, los he odiado y una parte de mi aun los odia. Más sólo me odio a mi mismo y no lo sabía. Nadie más que yo mismo me ha hecho daño... no hay ningún otro ser responsable, no hay nadie más a quien culpar, pues yo soy el mundo.
Hoy me perdono, y a Dios, y a su Hijo. Me perdono y me cuido, me perdono y me amo. Trato de ver que todo lo que hice lo hice por miedo... todo ese dolor, todo ese sufrimiento, sentía tanto miedo... y aun lo siento, pero menos. Ahora se que no estoy sólo, Papa está conmigo, aunque yo haya querido matarlo, el tan sólo ha sonrreido todo el tiempo, sabiendo que no podía hacerme daño realmente, que todo era un juego. Él. Él sabía que tarde o temprano me daría cuenta. Que listo eres, Padre, tu lo sabías todo... sabías que me lo estaba haciendo a mi mismo, sabías que no podía hacerme realmente daño. No permitiste que el recuerdo del cielo fuese borrado de mi mente, por mucho que yo quisiera la muerte, tu me cuidaste y aun me cuidas.
Gracias Padre.
Ahora comienzo el camino de regreso a casa. Tengo que perdonarme por todo lo que creo que he hecho, Papa ya me ha perdonado, Él sabe la verdad sabe que no he hecho nada. Pero yo aun no lo tengo claro, me siento tan culpable, tan culpable, tan culpable... pero me perdono, me perdono, me perdono.
Cada día trato de hacerlo...
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