Viajo en metro, de vuelta del trabajo. Las caras vacías de la gente, miran perdidos o se pierden entre las páginas de algún libro. Nadie habla, sólo rompe el silencio el traqueteo monótono del avanzar del metro. Y las paradas y esa voz que anuncia la estación próxima, y el abrirse de las puertas y el subir gente y el volver al principio. Viajo en metro, de vuelta del trabajo. Las caras vacías de la gente, miran perdidos o se pierden entre las páginas de algún libro. Nadie habla, sólo rompe el silencio el traqueteo monótono del avanzar del metro. Y las paradas y esa voz que anuncia la estación próxima, y el abrirse de las puertas y el subir gente y el volver al principio. Viajo en metro, de vuelta del trabajo. Las caras vacías de la gente, miran perdidos o se pierden entre las páginas de algún libro. Nadie habla, sólo rompe el silencio el traqueteo monótono del avanzar del metro. Y las paradas y esa voz que anuncia la estación próxima, y el abrirse de las puertas y llego a mi destino. Bajo del metro, última parada. Una marabunta de gente inunda las escaleras mecánicas y se atasca, como un exceso de agua que satura un embudo y comienza a llenarlo. Pero dura poco, pronto se vacía y no hay casi nadie. Subo despacio, sólo, contento saco una pegatina de música libre y la pego junto a un monigote que corre acia la salida de emergencia. Llego a un curce de calles subterraneas, donde la gente que llega y sale se confunde con la que sale y la que llega. Saco otra pegatina y la pego en otro monigote que también corre a la salida. Una voz a mi espalda dice:
- No puedes hacer eso.
Me giro y veo a un hombre de unos 60 años de pelo y piel blancos, con la cara surcada en arrugas y malas pulgas, que pretende reprenderme. A lo que trankilamente le respondo:
- ¿Le molesta?
Y como si no hablase conmigo.
-Que si me molesta, dice.- A mi, de nuevo.-No puedes hacer eso, está prohibido.
Mientras me doy la vuelta y comienzo a andar respondo:
-Muchas cosas están prohibidas.
Y me marcho y el viejo deja de existir en mi mundo. De pronto sólo hay una mareante marea de gente de nuevo, nada más.
Más tarde pensaré en lo mucho que me hubiese gustado añadir: ¿Sabe que también está prohibido cantar por la calle?
¿Porqué me reprendió ese viejo?, no le molestaba lo más mínimo, ni iba con él ni le importaba. Quizás sea como en Crash(que no he visto), que la gente echa tando de menos el contacto humano, que a veces lo busca mediante un choque.
- No puedes hacer eso.
Me giro y veo a un hombre de unos 60 años de pelo y piel blancos, con la cara surcada en arrugas y malas pulgas, que pretende reprenderme. A lo que trankilamente le respondo:
- ¿Le molesta?
Y como si no hablase conmigo.
-Que si me molesta, dice.- A mi, de nuevo.-No puedes hacer eso, está prohibido.
Mientras me doy la vuelta y comienzo a andar respondo:
-Muchas cosas están prohibidas.
Y me marcho y el viejo deja de existir en mi mundo. De pronto sólo hay una mareante marea de gente de nuevo, nada más.
Más tarde pensaré en lo mucho que me hubiese gustado añadir: ¿Sabe que también está prohibido cantar por la calle?
¿Porqué me reprendió ese viejo?, no le molestaba lo más mínimo, ni iba con él ni le importaba. Quizás sea como en Crash(que no he visto), que la gente echa tando de menos el contacto humano, que a veces lo busca mediante un choque.
Las grandes ciudades nos hacen menos humanos.
4 comentarios:
Es verdad, las grandes ciudades y las leyes hacen bobas a las personas, les roban toda su individualidad.
Aparte de ke en general, la gente deberia follar mucho mas.
:) Buen finde!!!
Totalmente.
Idem!!!
Dopazo tio, ese post es absolutamente genial tronco!!Tiene como musica propia, es super grafico, sonoro. Ademas esta super bien estructurado, te lleva a varias conclusiones diferentes a la vez y desde caminos diferentes.. Buah!! es la caña!!! Presentalo a un concurso tronco porque con poquito que le mires un par de detalles te premian fijo. Ole Ole y Ole. Martuki
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